30.10.19

Soy parte de tu historia

El Centro Educativo Providencia en este mes de octubre comienza a celebrar 25 años de historia. Por eso decidimos detenernos a recordar nuestro camino recorrido, desde nuestros primeros días en la ermita para la Virgen de la calle La Vía, con el contenedor como espacio de merendero y catequesis para los niños del barrio, hasta hoy, una propuesta educativa integrada por 5 programas: Casa Comunitaria de Cuidados, Club de Niños, Liceo, Centro Juvenil y Programa de Formación Laboral. “Providencia es una vocación muy fuerte. La palabra encuentro lo dice todo. Es un lugar que acoge a las familias del barrio siendo un puente para construir más oportunidades”, comparte Rosario Rachetti, voluntaria desde los inicios y hasta la actualidad. 

Toda historia está marcada por un lugar, y el lugar de esta historia es el barrio Casabó, en el que se construyó una ermita de la Virgen, en el terreno vecino a la casa de María Lucía, una exalumna del colegio de las Hermanas de María en Nueva Helvecia.  Allí, en 1994 ya trabajaban vecinos, voluntarios del Movimiento de Schoenstatt y de la Parroquia San Rafael, ofreciendo un espacio de merienda y catequesis para niños y adolescentes del barrio, cuando Mons. Gottardi, arzobispo de Montevideo, consiguió un contenedor donado para darle cobijo a lo que allí sucedía.

“Desde el principio llegamos y nos dimos cuenta que acá había mucho por hacer. Impactados por la realidad veníamos una vez a la semana a hacer lo que fuera. Dábamos una mano en diferentes cosas. Fue toda una experiencia con el barrio. Empezamos tres y luego se fueron sumando otros”, cuenta Rosario. De esta manera, con mucho esfuerzo, amor y dedicación, y con la contribución de muchas personas e instituciones, dos años después, se logra fundar la Asociación Civil Providencia. 

En 1999, con mucho esfuerzo de varios años y el aporte de varios colaboradores, se alcanza a comprar el terreno actual donde se ubica el Club de Niños. A medida que los chiquilines crecen, se empieza a formar también un espacio para adolescentes. Rosario cuenta que la crisis de 2002 fue un hito de la historia: “Ese verano nos dimos cuenta que no podíamos cerrar cómo veníamos haciendo antes y entonces contratamos gente por esos meses. Cuando volvimos, la persona contratada y uno o dos más que lo acompañaban, habían cambiado todo, habían armado una estructura pensando en lo educativo. Y fue todo un salto. Nos dimos cuenta que así funcionaba mejor porque habían ordenado la forma de trabajar”. Los voluntarios y vecinos, con el corazón y la mirada atenta a las necesidades de la zona, fueron reconociendo los pasos a dar para seguir creciendo. “Era ahí que teníamos que estar. Es todo lo que significa Providencia. Dios nos marca el camino”,cuenta Rosario.

Se logra, poco a poco, desarrollar una propuesta educativa para los chiquilines que funciona de lunes a viernes en el horario de la tarde, a contraturno de la escuela pública. En el año 2004 se concreta el primer convenio con el Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay y comienza a funcionar el Club de Niños, que en ese momento recibía a 30 niños y actualmente recibe a 110. 

A medida que la cantidad de niños crece, el número de egresados del Club de Niños aumenta, y los esfuerzos de muchas personas permiten, en 2004, comprar una casa ubicada en frente al Club para que el espacio adolescente se convirtiera en el Centro Juvenil. “Se acercó mucha gente bárbara, se fue armando este estilo de vida. Acá todo es como un santuario vivo. La potencia que tienen los jóvenes es increíble. Es un lugar que te gusta estar donde te sentís recibida. Es una experiencia que contagia, que no enjuicia. Acá todos saben que pueden volver y que depende de ellos el cambio. Porque acá todos experimentamos un cambio enorme en todo sentido”, comparte Rosario. “Cuando entré como voluntario en 2005, yo estudiaba psicología y en esa época en Providencia todo era más sustentado en los voluntarios, y lo que más me llamó la atención fue el amor gratuito, una fidelidad enorme, imponente, una energía que aún sigue”, comparte Luis Arocha, Director General de Providencia.

 Con ambas propuestas establecidas y en crecimiento, en 2012, a partir del constante diálogo con las familias y a raíz de los elevados índices de deserción educativa del sistema educativo formal, comienza a pensarse y soñarse un nuevo proyecto: la construcción de un liceo gratuito de horario extendido, parecido a lo que el Liceo Jubilar significaba en Casavalle. Como en cada paso que dimos en estos años, este sueño se alcanzó gracias al esfuerzo y el apoyo de muchos colaboradores: fundaciones, embajadas, instituciones públicas y privadas, pero sobre todo muchísimas personas que nos han acompañaron en ese camino. Finalmente, como fruto del trabajo en conjunto, en el año 2014, ingresa la primera generación de 60 alumnos al Liceo Providencia – Papa Francisco, y en 2016 se completan los 3 años de ciclo básico por lo que, año a año, contamos con un total de 180 estudiantes. “Lo que se busca es acompañar a los chiquilines en su desarrollo como personas libres, para que descubran sus potencialidades, y las puedan poner al servicio de su felicidad y la de los demás” cuenta Luis.  Año a año, desde el liceo hemos ido construyendo estrategias para acompañar mejor a los estudiantes, potenciar la propuesta educativa y lograr impactos significativos en el aprendizaje y en el disfrute de los niños y adolescentes, buscando que todo aquél que ingresa pueda egresar del ciclo básico en tiempo y forma, con aprendizajes de calidad.

En 2016, con el objetivo claro de poder acompañar el desarrollo de los jóvenes del barrio y poder responder a una de sus demandas más importantes, comenzamos a diseñar un programa piloto para acompañarlos en su proceso de formación e inserción laboral, que en 2018 se consolida y potencia enormemente a través de una alianza con Fundación Tienda Inglesa. Así mismo, la comunidad comparte la necesidad de un centro que atienda a la primera infancia, por lo que en 2018 se inaugura, en convenio con el Sistema Nacional Integrado de Cuidados e INAU, una Casa comunitaria que recibe a 15 niños, con perspectiva de, este año, construir las instalaciones para poder abrir un CAIF en 2020. 

En el 2019 esta comunidad educativa recibió a 623 niños, adolescentes y jóvenes. Junto a sus familias, educadores y voluntarios acompañamos su trayectoria vital, siendo testigos de su crecimiento desde los 45 días hasta los 29 años, desde los primeros pasos, a lo largo de su trayectoria educativa, hasta las primeras inserciones laborales.  “En Providencia se da una transformación personal en todas las vidas. Vos te transformas porque estás abierto a que eso pase. Todos queremos ser queridos, y eso es el futuro del país. Vale la pena trabajar así, por la dignidad, y entender que todos tenemos algo para dar y recibir”, cuenta Rosario. Esta historia es fruto de muchos sueños, esfuerzos y desafíos, de muchos caminos que se cruzan y descubren en el Centro Educativo Providencia su lugar para crecer. Son muchas vidas que se comparten y se dejan transformar mutuamente bajo el lema «Nada sin Ti, nada sin nosotros”, que alude al trabajo conjunto de todos los que construyen día a día Providencia, pero también a la confianza en un Dios que acompaña, cuida y alienta esta gran historia.

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