13.08.19

Tiempo de compartir como familia

Entre el martes 30 y el miércoles 31 de julio los chiquilines de sexto del Club de Niños se fueron de campamento a “Araucaria”, campamento de INAU en La Floresta. A través de esta instancia se puso pausa al año para pasar por el corazón las experiencias compartidas hasta ahora como grupo, proyectarse para los meses que quedan del año y trabajar en la transición de primaria a secundaria. “Fue una instancia muy linda, yo creo que dio pie para la reflexión, ellos se pusieron, desde el momento en que comenzamos el campamento, en una postura de tranquilidad e introspección para pensarse realmente y trasladarse a los años anteriores en Provi, y pensarse también a partir de ahora. Creo que se vivió con mucha alegría, con un poco de nostalgia, pero por sobre todas las cosas, creo que se vieron a ellos como un grupo y eso permite el seguir viéndose como grupo de aquí hasta fin de año”, Lucía Durand, maestra de 6to. “Los campamentos son importantes para conocer mejor a los compañeros, para compartir momentos entre las personas que formamos parte de Providencia, capaz con algunos no éramos amigos pero en una charla nos conocimos y nos divertimos. Vivímos en la misma casa todos juntos por un par de días”, cuenta Martina, estudiante de sexto.

La idea que atravesó el campamento fue hacer un recorrido por todos los años transcurridos en Providencia. Para ello, comenzaron la jornada armando equipos, designados por los educadores, “armaron cuatro equipos, primero tenían que ponerle nombre, componer una canción, y así darle una identidad al equipo, que se iba a mantener después en todo el campamento para las actividades y como para organizar las comidas y la limpieza”, cuenta Rafael Boullosa, educador del Club de Niños. La primera consigna que recibieron los grupos fue, a partir de palabras suelta formar la frase «Hacía algunos años atrás», que les dio la pauta de cuál sería la temática del campamento. Luego, tuvieron distintas actividades y juegos relacionadas con el Centro Educativo, “hicimos un juego de múltiple opción de Provi, una gincana en la playa con actividades más deportivas, una cacería por toda La Floresta, en donde cada estación estaba vinculada a uno de los espacios de Provi,”, explica Rafael. “Muchas cosas fueron divertidas, el fogón, también me encantó la cacería y el juego ¿Quién quiere ser proviniario? El educador hacía las preguntas y nosotros teníamos que tocar un timbre y responder preguntas sobre Providencia”, cuenta Angelina, estudiante de sexto. 

         El tiempo de campamento es un momento para compartir y disfrutar como familia, donde se experimenta el convivir mucho tiempo con otros, tanto a través de actividades recreativas como de convivencia diaria, por lo que demanda una actitud de colaboración de todos. Rafael destaca “mucha predisposición del grupo en las actividades, en los juegos, pero también en cosas como mantener el orden, preparar la comida, la limpieza, enseguida se re prendían”. El compañerismo y las cuestiones de convivencia se trabajan mucho durante los años en el Club de Niños, y el campamento es un momento donde ponerlo en práctica y reforzarlo. En este sentido, Lucía resalta un aprendizaje de los estudiantes: “este grupo ha tenido a lo largo de su trayectoria varios problemas a nivel de convivencia entre ellos, pero vienen haciendo un proceso de trabajo, han generado mucha tolerancia, un buen manejo de las frustraciones, y esto se vió totalmente reflejado en el campamento, porque fue un grupo que trabajó en conjunto y pudo disfrutar mucho sin necesidades de que nosotros tuviéramos que intervenir”, reflexiona Lucía. Durante el campamento, los grupos fueron armados de manera heterogénea, lo que permitió construir y reforzar vínculos entre los compañeros, teniendo como fruto “un gran crecimiento por sobre todas las cosas, maduraron muchísimo en el tolerarse, quererse, respetarse, y eso posibilitó el disfrute colectivo”, cuenta Lucía.

Al finalizar el primer día, se desarrolló una instancia de fogón que permitió tomar conciencia de lo que estaban experimentando como grupo. “La instancia del fogón nos ayudó a bajar a tierra lo que estábamos viviendo en el campamento, es un momento de reflexión para poner en palabras lo que estábamos sintiendo y poder disfrutar más después”, explica Rafael. En esta instancia los chiquilines tuvieron la iniciativa de compartir cada uno un poco sobre sus familias, “no era parte de lo que estaba planificado, sino que fue idea de ellos y estuvo buenísimo porque no todos sabían tanto, entonces se dio una ronda en la que cada uno contó algo de su familia”, cuenta Lucía. “Lo que más me gusto fue el fogón porque nos pudimos conocer más. Algunos no conocían a sus familias, entonces cada uno decía con quién vivía para conocer a cada uno un poco mejor.  Me emocionó y me dejó con ganas de conocernos más”, explica Martina. 

El último día del campamento tuvieron un cierre donde pensaron “qué es lo que más valoran de estos cinco años y medio y se proyectaron en los próximos seis meses que les queda a ellos en el Club, qué es lo que sueñan”, agrega Rafael. Terminaron el campamento construyendo una red conformada por muchos hilos que representan el camino recorrido por cada uno y, que se unen por nudos que representan los momentos importantes y los vínculos que fueron conformando, “entonces todos recibimos un papelito y escribimos un deseo o un agradecimiento para poner en la red”, cuenta Martina. Angelina agradeció “a todos y todas por compartir unos buenos momentos conmigo y mi deseo sería estar con mis compañeros el año que viene y seguir creando vínculos”.  Martina compartió su deseo, “conocer nuevos amigos, compañeros, compartir la vida y que no se rompa ningún vínculo que hay en esta clase”. Haber realizado el campamento en el mes de julio permitió un tiempo de encuentro y proyección para los últimos meses que quedan de clase. Fue movilizador, y cumplió con su objetivo de comenzar a realizar un cierre a la etapa del Club de Niños, fue una oportunidad para “construir y reconstruir esta historia que tenemos en Provi de aquí a los próximos meses que nos quedan de clase, que vamos a cruzar la vereda y nos vamos a encontrar con algo totalmente nuevo y distinto en el Liceo”, explica Lucía. Martina, comparte que en el liceo le gustaría “seguir cambiando, mejorando, conociendo más a todos y volviéndonos mejores compañeros”. Angelina reflexiona “el liceo va a ser una oportunidad que va a cambiar nuestra vida, porque no vamos a ser los mismos, no vamos a trabajar las mismas cosas, van a cambiar los profesores, y va a cambiar nuestra vida”

Las instancias de campamento tienen un valor educativo fundamental en nuestra propuesta, puesto que permiten a educadores y chiquilines disfrutar de unos días de encuentro y convivencia, acompañando las transiciones en la vida de los estudiantes y compartiendo desde otro lugar. Es un espacio en el que todos nos disponemos al encuentro, donde salimos de nosotros mismos, y recibimos algo de cada uno. En las instancias de campamento se reaviva el espíritu de familia, se vive una potente experiencia de comunidad con otros. Como decía el Padre José Kentenich, “El espíritu de la familia no pregunta: ¿qué recibo yo? Solo vive del pensamiento: ¿qué puedo y debo regalar?”. 

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